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Vivir con 332 euros al mes

(Publicado en Economia de Mallorca, 17/10/2016)

Hace unos días la red EAPN de entidades que luchan contra la pobreza en nuestra tierra presentó el 6º informe sobre el estado de la pobreza, centrado en el indicador de riesgo de pobreza y exclusión social. El informe señala que entre 2009 y 2015, ámbito temporal del estudio, se ha confirmado una tendencia más que preocupante a condenar a una cuarta parte de la población a la pobreza y la exclusión, el 26,3% en 2015.

Y eso, a pesar de que en los últimos años, no hemos dejado de crecer en Producto Interior Bruto (PIB), en número de turistas que nos visitan y en nivel de beneficios y rentabilidad empresarial. En contraste con la potencia turística que somos frente al mundo, resulta que según el informe citado tenemos la tercera tasa de pobreza extrema más alta del estado, lo que significa que un 10,4% de la población, unas 115.000 personas, viven en Balears con menos de 332 euros mensuales.

Con 332 euros no se puede vivir, sino malvivir y en el mejor de los casos, sobrevivir. Una cifra de escándalo que debería avergonzarnos si la comparamos como recordaba en uno de mis últimos artículos en Economía de Mallorca, con los 600.000 euros que “necesita” alguno de los yates de lujo que nos visitan cada verano para llenar el depósito de combustible.

Una cifra que debería invitarnos a ponernos en la piel de quien se enfrenta a la vida cada día habiendo sido expulsado de un circuito de confort, en el que la publicidad y los modelos de consumo se encargan de hacer todavía más dura esa supervivencia. Porque lamentablemente esta no es la sociedad del “vivir bien con menos”, sino del “lo quiero todo y lo quiero ya”, que añade aún mayor frustración a quien vive sin lo suficiente para cubrir sus mínimos vitales.

Una de cada cuatro personas no “en situación de pobreza”, sino empobrecidas, son demasiadas para poder considerarnos, como colectivo humano, una sociedad digna. La renta social implantada hace solo unos meses por el Govern es una buena herramienta para empezar a corregir esa deriva, pero ir a la raíz del problema implica también trabajar para cambiar un modelo económico que no genera prosperidad compartida, sino concentración de beneficios en pocas manos y precariedad para la mayoría, con mucha gente para la que tener un trabajo ya no es garantía para salir del círculo vicioso de la pobreza.

Es sobre esta cuestión, y sobre la posibilidad de construir una sociedad digna para la mayoría, que deberían girar las prioridades políticas e institucionales, las de la sociedad civil organizada e incluso la responsabilidad social de las empresas. No podemos vivir ni mirando hacia otro lado, ni asumiendo esos contrastes vergonzantes entre la sociedad empobrecida y la sociedad opulenta.

Política i pobresa

(Publicat a ElPeriscopi, 17/10/2016)

La pobresa, entesa com la privació de les qüestions més bàsiques per garantir una vida digna, no és un fenomen nou. La política, entesa com l’activitat per salvaguardar el bé comú de la polis, també ve de temps enrere.

Es suposa que la política hauria de servir entre d’altres coses per evitar l’empobriment de la gent, però en aquestes dècades de globalització neoliberal, la política ha estat font d’empobriment especialment a una Europa que havia estat referència de l’anomenat «estat del benestar». Això val per la Thatcher al Regne Unit, però també per a Espanya, i fins i tot per a la nostra comunitat, on les polítiques públiques sempre han anat darrere d’altres, almenys fins ara.

El desmantellament de serveis públics i de drets socials i laborals amb l’excusa que era el mercat que havia d’arreglar aquestes qüestions només ha generat patiment i misèria a amples capes de la població, fins al punt que en l’any dels rècords de turistes i amb un nivell de PIB que fa por, el 26,3% dels illencs està al llindar de la pobresa i l’exclusió, i més d’un 10% en situació de pobresa extrema. Això darrer vol dir que hi ha més de 100.000 persones que viuen o miren de viure amb menys de 332 euros al mes, perquè ens entenguem.

Una realitat que la passada legislatura fins i tot era negada amb uns governats entestats a fer servir les estadístiques i les bones xifrers macroeconòmiques per mirar cap a un altre costat. Ara això no sols no passa, sinó que hi ha consciència del problema, i es despleguen les polítiques necessàries per pal·liar la situació, amb mesures de xoc com el retorn del dret a la salut pública a tothom, o la renda social, que genera un nou dret amb l’objectiu de cobrir les necessitats bàsiques de qualsevol habitant del nostre petit país.

Però l’empobriment seguirà, malgrat això, si no anem a l’arrel del problema, que no és altra que un model econòmic que cal transformar si volem que generi prosperitat compartida, enlloc de precarietat i sí, beneficis, però concentrats cada vegada en unes poques mans. L’empobriment seguirà si no educam els i les joves no sols perquè «s’adaptin» al mercat laboral, sinó perquè des d’una visió crítica siguin capaços de canviar aquesta realitat perquè si estudien, puguin almenys armar-se aquí un projecte de vida.

Si hi ha alguna cosa que pot fer sortir la política de la situació d’incertesa i desconfiança que hi té bona part de la societat, és que sigui una eina útil per lluitar contra l’empobriment de la ciutadania. Dignificar la política passa perquè aquesta serveixi per dignificar la societat, i s’ha de fer ja si no volem que la pobresa i les desigualtats es consolidin com un mal crònic.

Yates sí, pateras no

(Publicat a Economia de Mallorca, 26/09/2016)

Cuando todavía dura la temporada turística, estos días ha sido noticia la patera llegada a la costa de Llucmajor, con siete inmigrantes a bordo, que fueron diligentemente detectados y detenidos, y a estas horas habrán sido deportados ya a un centro de internamiento (CIE) a Valencia o a Barcelona.

Esta es otra de las paradojas de “nuestro modelo”, en el que otro tipo de embarcaciones menos modestas, los yates y megayates, también han sido protagonistas de este verano, desde el Rûah que “accidentalmente” disparó una bengala y quemó uno de los bosques de sabinas más emblemáticos de Formentera; el Al Mirqab del emir de Qatar, país patrocinador por igual del terrorismo del Daesh que del Barça, un “enamorado de Mallorca” que nos ha visitado en más de una ocasión con sus tres esposas; o el Prince Abdulaziz, del heredero de la monarquía saudí tan respetuosa con los derechos humanos, que lo mismo presume de harén (aquí lo llamamos trata de mujeres) que nos desembarca en una playa protegida con la misma impunidad con la que compra gobiernos y lo que haga falta… Pasando por los megayates de magnates rusos como los Rashnikov y Prokhorov.

Sé que se apresurarán a responder que como tengo fama de “rojo”, lo que pasa es que odio a los multimillonarios, cuando no se trata de eso sino de contar lo que hay, por mucho que lo queramos esconder. Como se esconde el hecho de que los mismos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, tan eficaces a la hora de detectar y abordar pateras de inmigrantes, no realicen apenas ningún control efectivo de todas esas embarcaciones de lujo. Porque reciben órdenes, por supuesto, y porque para quienes dan las órdenes, no hace carta de presentación. El único control que se da, en calidad de “transeúntes”, es que el representante de la embarcación entrega en el puerto deportivo en cuestión una ficha dando cuenta de quién y de cuánta gente hay a bordo. Luego ese papel los gestores del puerto lo entregan a la Policía, y se acabó el trámite. Por no hablar del dinero que, en caso de barcos con bandera extranjera, deberían declarar en la Aduana al entrar en nuestras aguas… Y tampoco se hace, pero claro, como resulta que alguno de los yates mencionados necesita poco más que 600.000 euros para llenar el depósito de gasoil, tal vez es que no caben tantos ceros en el formulario.

Toda una metáfora de nuestra sociedad que debiera hacernos replantear alguna cosa, más allá de permanecer como meros espectadores. Sobre todo cuando quienes vienen aquí a exhibir su poderío, son los responsables directos de la guerra y el terrorismo que han provocado el éxodo de millones de almas en los últimos años. Y los más de 3.000 muertos solo en lo que llevamos de año en nuestro mar Mediterráneo, gracias a las mafias, sí, pero también a las barreras levantadas por las mismas autoridades europeas y españolas que consienten tanta impunidad.