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Nuestro aeropuerto: ¿servicio público o negocio?

(Publicat a Economia de Malorca, 27/02/2017)

A diferencia del AVE, las autopistas de peaje o los aeropuertos sin aviones ni pasajeros, el aeropuerto de Palma es uno de los negocios más rentables del Ministerio de Fomento y por ende, del Estado. Él solito genera unos 150 millones de beneficio neto al año, y junto con el de Eivissa, representa aproximadamente una cuarta parte de los ingresos de todos los aeropuertos de la red de AENA. Más del doble de lo que el Estado destina vía presupuestos generales al descuento de residente, que en los últimos tiempos el gobierno de Rajoy intentaba regatearnos.

Las columnas llenas de publicidad o las tiendas “pasarela” de paso obligatorio para los usuarios son la metáfora de un aeropuerto globalizado (en el sentido neoliberal) y volcado no a su sentido originario, de servicio público, sino a ganar dinero y a las cifras. Las cifras récord de pasajeros, que tan poco benefician en la práctica ni a nuestra sociedad ni a nuestro medio ambiente, son el objetivo de un ente en el que la privatización (el 49% de la sociedad pertenece a capital privado de todo tipo, incluyendo fondos de inversión en las islas Caimán) ha supuesto otra vuelta de tuerca en ese modelo.

Más pasajeros y más vuelos, tampoco implican mejoras ni para los trabajadores y trabajadoras del aeropuerto (nunca olvidaré el relato de los trabajadores de tierra, durmiendo en el coche, en el párking del aeropuerto, para enlazar horarios entre contratos para llegar a los 1.000 euros), ni en la calidad del servicio que ofrecen las compañías aéreas, ni en el bienestar de unos vecinos, especialmente los de Sant Jordi pero cada vez de más pueblos castigados por el ruido de despegues y aterrizajes incesantes, especialmente en verano.

Mientras esto es así, aquí tenemos unas instituciones preocupadas por otros parámetros, con otra visión de cómo deben ser los servicios públicos. Sin embargo, el margen de decisión de nuestras instituciones es prácticamente nulo frente a decisiones tomadas de manera absolutamente centralista y en clave de empresa privada . Tanto para Madrid como para los accionistas, nuestro aeropuerto (como nuestra comunidad) es una máquina de fabricar dinero. Poco les importa los impactos negativos de tan ansiada actividad. Eso sí que lo pagamos nosotros. Por eso la previsión de intensificar vuelos y pasajeros las próximas temporadas es la gota que ha colmado el vaso…

¿De qué nos sirve intentar regular aspectos clave del turismo, como el alquiler vacacional, establecer techos de plazas, proteger espacios naturales o invertir en mantener infraestructuras básicas como las depuradoras que acaban desbordadas por decisiones tomadas en otra parte y al margen de nuestras necesidades? Si queremos ser dueños de nuestro destino, y no meros espectadores pasivos de esta especie de lento suicidio, empieza a ser hora de levantar la voz. En eso también consiste la democracia, y no sólo en votar o quejarnos con impotencia porque aquellos a quienes votamos no tienen capacidad para incidir sobre una herramienta, “nuestro” aeropuerto, que es clave para definir qué tipo de sociedad queremos construir: ¿servicio público o negocio?. Sólo nuestra fuerza y el grito de sentido común de toda Mallorca nos permitirá borrar las comillas.

Fitur, Balears, la sostenibilidad i el futuro

(Publicat a Economia de Mallorca, 17/01/2017)

La nueva edición de FITUR que se abre esta semana en Madrid es especial para nuestra comunidad, ya que somos la única región del planeta que participa como partner en la celebración del año mundial del turismo sostenible promovido por la Organización Mundial del Turismo (OMT).

Desde la Vicepresidencia del Govern se pone así de manifiesto que las Illes no sólo somos una potencia turística que no quiere morir de éxito, sino que además tenemos proyecto a medio y largo plazo: ser un destino turístico “verde” de referencia en el Mediterráneo y en el mundo. Y ser un destino justo, y de ahí el premio a las camareras de piso en la primera y reciente edición de los premios del turismo.

Partimos de donde partimos (y no de donde nos gustaría a muchos): de unas islas en buena medida saturadas por la falta de competencia como consecuencia de la coyuntura geopolítica, y de una política pública turística otrora inexistente. Y digo inexistente porque en 40 años de democracia la única política turística que se ha hecho salvo alguna honrosa excepción ha sido de subordinación absoluta a los lobbies y de mala política. Y sinó, recuerden el cierre del IBATUR por corrupción connivente entre políticos y hoteleros, o el caso Rasputín, que es una manera bastante diferente de la del Govern actual de promover el turismo.

Pero además de tener proyecto, al Govern de izquierdas lo acompañan a FITUR, un año y medio después de empezar a gobernar, hechos que dotan de sentido y llenan de significado que cuando hablamos de turismo “sostenible”, no queremos quedarnos en palabras huecas: llevamos ya en la carpeta de las políticas impulsadas el impuesto del turismo sostenible o ecotasa; la propuesta de regulación del alquiler turístico y otras regulaciones que están por venir, junto con el techo de plazas turísticas.

Y en materia mediambiental, la semana pasada sin ir más lejos se aprobó el el Consell de Govern declarar Parque Natural la playa de Es Trenc y su sistema dunar. La misma playa emblemática que servía para alimentar catálogos y expositores de ferias de turismo para vender Mallorca al mejor postor, sin recibir nada a cambio.

Ahora hay un Govern que no sólo no ve la tierra y nuestro paisaje y recursos como un medio a explotar o para especular, sino la principal fuente de riqueza para la actual y las futuras generaciones. Y por eso protege, entre otras, más de 11.000 hectáreas que también serán incluídas como Zonas de Especial Protección de Aves (ZEPAs) pasando así a engrosar la Xarxa Natura 2000 de hábitats. Y más cosas.

Mientras tanto, el PP también irá a FITUR, no sabemos a hacer qué. Esperemos que sea para pedir perdón, por alimentar la burbuja turístico-inmobiliaria y por su anti-gestión turística: de poco nos ha servido tener durante 5 años una secretaria de estado de turismo “balear”, cuando se ha incumplido todo lo prometido, empezando por subir el IVA turístico, boicoteando la ecotasa como hizo el mismísimo Rajoy en la pasada edición de FITUR, o dejándonos a la cola del estado en inversiones, también en materia turística…

Porque encima, quieren que devolvamos dinero de la Platja de Palma, 12 millones de euros ni más ni menos, por mala gestión de su compañero de filas Álvaro Gijón. Pero aún así, irán. A ver si algún hotelero se apiada de ellos y los invita a un coctail.

Lloguer turístic intoxicat

(Publicat al DBalears, 12/01/2017)

Al primer pacte de progrés, el primer parèntesi progressista de la nostra recent història democràtica, el PP a l’oposició, comandat pel Ministre Jaume Matas des de Madrid, es va dedicar a intoxicar pels pobles sembrant la por pel que fa als Parcs Naturals que els ecologistes volíem impulsar a la Serra de Tramuntana, la península de Llevant o Mondragó. El nivell d’intoxicació, mentides i tergiversació arribava a tal punt, que record haver de sortir amb escorta del teatre d’Andratx, on amb altres companys havíem anat a explicar els avantatges del Parc de la Serra de Tramuntana. Els amics del PP s’havien dedicat a repartir pamflets i fer actes previs on avisaven que «els comunistes» els volíem prendre les terres, entre altres bonhomies.

Una situació semblant es viu aquests dies, salvant la distància temporal, amb altres actors i un tema diferent, però que hi té una certa relació. Me referesc al que està fent el PI-Proposta per les Illes amb l’avantprojecte de llei del lloguer turístic. Alineats amb l’heterogènia patronal del lloguer, però a la vegada sense desalinear-se dels hotelers, han passat d’exigir des del minut zero una regulació (indefinida, per altra part) incompatible amb el rigor i el consens necessari per a una proposta d’aquesta transcendència, a rebutjar de dalt abaix la proposta que el Vicepresident Barceló ha posat damunt la taula, després de moltes, moltíssimes hores de feina, reunions, recerca i sobretot, voluntat de defensar el bé comú i mirar de compatibilitzar una nova modalitat d’explotació turística amb la necessitat d’un turisme sostenible, que generi prosperitat compartida i que no interfereixi en l’accés a l’habitatge, que és un dret bàsic.

Però no conformes amb oposar-s’hi, els companys del PI han començat a intoxicar activament, sense amagar-se de la seva intencionalitat real: que això sigui un campi qui pugui, i que es pugui llogar tot. Ben igual que els hotelers podien fer el que volguessin, als anys 60 i 70s, i així tenim les nostres costes, amb platjes que en teoria són domini públic en la pràctica semblen extensions dels hotels. El PI vol que es pugui llogar tot, baix l’eufemisme que l’únic que ha de fer la nova normativa és «fer aflorar tot el que hi ha». Com si «tot el que hi ha», sigui legal o il·legal, complís uns paràmetres d’allò que qualsevol persona entén que hauria de ser un turisme de qualitat i sostenible (donar un bon servei, complir amb la normativa urbanística, que els veïns estiguin d’acord, i un llarg etcètera). Hem de ser clars: no tot el que s’està llogant ara mateix mitjançant les principals plataformes com AirBnB no es podrà llogar.

Els del PI han passat, com els del PP de Matas, directament al terreny de la mentida, la demagògia i la por, dient arreu que cercam problemes fins i tot per a la gent que «ho tenia tot legal», cosa que és rotundament falsa i ho saben. No val tot per per guanyar vots, sobretot quan et presentes dia sí dia també com un partit d’ordre, i quan parlam d’un tema tan complex de regular que si no encertam, podem ferir de mort el territori i un model econòmic que evidentment cal transformar. Mirau sinó com estan altres indret amb aquesta problemàtica, o com està ja Eivissa, on és impossible llogar un pis per viure-hi. Del que fa el PI se’n diu irresponsabilitat electoralista, just el contrari del que estam fent les impulsores de la llei: escoltar la gent i els col·lectius socials i econòmics, seguir escoltant i mirar de trobar el punt d’equilibri d’una normativa que ha de permetre encarar la realitat i fer-nos avançar cap a un millor turisme, que generi prosperitat compartida sense matar la gallina dels ous d’or.

Preguntas y respuestas sobre la Ley del Turismo y el alquiler turístico

(Publicat a Economía de Mallorca, 21/12/2016)

¿Regular equivale a legalizar el alquiler turístico?
No. No es lo mismo “regularizar” (legalizar) que “regular”: regular consiste en establecer condiciones para la explotación y comercialización de uno de los sectores incipientes del negocio turístico como representa el alquiler turístico.

¿Por qué regular el alquiler turístico si ya estaba regulado?
La Ley 4/2012 o “Ley Delgado” sólo regulaba la comercialización de estancias turísticas de alquiler en edificios unifamiliares. Las leyes deben servir para afrontar la realidad, y hoy en día se están comercializando entre 60.000 y 100.000 plazas de alquiler al margen de la norma, tanto en edificaciones unifamiliares como plurifamiliares.

¿Es cierto que afectará a lo que ya estaba regulado y era legal?
No. La nueva Ley NO afecta a los alquileres turísticos que ya se habían dado de alta en base a la Ley 4/2012.

¿Esta regulación favorece los intereses de los hoteleros o los perjudica?
La regulación del alquiler turístico favorece ante todo a la ciudadanía. La patronal hotelera aboga por prohibir el alquiler turístico en plurifamiliares, que es evidente que no es una solución, ya que considera a este segmento como competencia. Aparte de la regulación del alquiler, la nueva Ley acaba con las excepciones en la normativa que habían amparado el crecimiento de plazas hoteleras de los últimos años.

¿Qué tiene que ver esta regulación con el denominado “cambio del modelo turístico”?
Se regula una actividad incipiente del negocio turístico para garantizar el bien común frente a la especulación. Junto con el impuesto de turismo sostenible y el establecimiento de un “techo de plazas” de alojamiento tanto para plazas de alquiler como hoteleras a partir de la bolsa de plazas disponibles que hasta ahora servía para legalizar plazas de establecimientos hoteleros (en el caso de Mallorca es de unas 45.000), esta regulación permite avanzar hacia un modelo turístico que transforme progresivamente los récords de turistas en mejoras sociales y medioambientales.

¿Por qué se ponen tantos requisitos al negocio del alquiler turístico?
Los gobiernos deben dar facilidades a la actividad económica, pero también poner condiciones que garanticen la prosperidad compartida y en nuestro caso, un modelo turístico que tienda a la sostenibilidad y a la calidad. No se puede hablar de turismo de calidad y dejar que se comercialice cualquier cosa y de cualquier manera. Al mismo tiempo, esas condiciones deben contener aspectos sociales, medioambientales y de calidad del servicio que se ofrece, y eso es lo que hace la Ley.

¿Regular los pisos turísticos no favorece un crecimiento insostenible?
Si se pudiera alquilar cualquier piso como servicio turístico, sí. Por eso en este aspecto la norma es restrictiva, porque hay que garantizar tanto el derecho a la vivienda como la convivencia entre turistas y residentes. Ayuntamientos y Consells insulars, además, deberán zonificar e indicar dónde se pueden alquilar plurifamiliares y dónde no, en el mismo sentido. En Eivissa, por ejemplo, no se podrán alquilar pisos turísticos como exigen las instituciones locales, pero además las instituciones locales dispondrán de herramientas normativas y de un régimen sancionador para perseguir el alquiler ilegal.

¿Qué tiene que ver el acceso a la vivienda con el alquiler turístico?
Mucho: al ser una sociedad turística, la presión del turismo ya no sólo sobre el territorio sino sobre las plazas residenciales a raíz del nuevo fenómeno del alquiler ocasiona un incremento de los precios de las viviendas que en este momento ya afecta a residentes que no pueden asumir los precios del alquiler en determinadas zonas, como el caso citado de Eivissa. En paralelo a la Ley del Turismo el Govern también impulsará una Ley de la Vivienda que sea complementaria de ésta y garantice el derecho de acceso a una vivienda digna por delante de las posibilidades de negocio. Por esta misma razón la Ley prohíbe directamente el alquiler turístico en viviendas de protección oficial o de promoción pública.

¿Puede un gobierno regional establecer condiciones para operadores globales como las plataformas digitales que comercializan hoy en día el alquiler turístico?
Puede y debe hacerlo, en tanto que la actividad de estos operadores (tipo AirBnB) se desarrolle en el ámbito territorial de las Illes Balears y además lo hacen en un sector económico estratégico que además genera impactos sociales y medioambientales, no todos ellos positivos. Estos operadores son junto con los propietarios un actor clave en el desarrollo exponencial en estos últimos años del alquiler turístico, y por tanto se les exigirá que sólo puedan comercializar establecimientos dados de alta de acuerdo con las condiciones marcadas por la Ley.

¿Acabará esta regulación con los problemas asociados al alquiler turístico?
Esta regulación es un instrumento más, que viene a regular el alquiler turístico como actividad que hoy es mayoritariamente ilegal (en negro) o alegal (acogida a la Ley de Arrendamientos Urbanos pero no acorde a los estándares que hay que exigir a un negocio turístico). Además, lo hace pensando en el bien común, en el derecho a la vivienda y en un turismo que tienda a la calidad y a la sostenibilidad. Otros destinos turísticos como Barcelona, París o Nueva York tienen serios problemas con el alquiler turístico a pesar de tenerlo regulado, ya que se trata de una cuestión compleja, global y con intereses antagónicos. Al menos en nuestro caso, los impulsores de la regulación tenemos claro hacia dónde queremos ir.

Turismo ¿excelente?… ¡Trabajo decente!

(publicat a Economia de Mallorca, 12/09/2016)

No era la primera vez que habían sido nominadas a un premio así, de hecho el Govern ya las propuso hace un año a la Medalla al Mérito Turístico que otorga el Ministerio entonces regentado por Soria. Las camareras de piso de nuestras islas han tenido que esperara los I Premios al Turismo convocados por Vicepresidencia de la CAIB, en los que el jurado les ha concedido por unanimidad el premio al reconocimiento al trabajo y el esfuerzo.

Y es que sin su trabajo y esfuerzo, el de Dolores, Angelina, Isabel, Soledad, Esther, Pepi y María, los testimonios de las camareras mallorquinas recogidas en el libro de Ernest Cañada Las que limpian los hoteles, la «potencia turística» que somos no existiría. Entre otras cosas porque es inimaginable pensar en una habitación de hotel adecentada sin el trabajo de miles como ellas. Ellas son las madres del turismo. Ellas, invisibilizadas en detrimento de los padres emprendedores del turismo, hombres, ricos, hechos «a sí mismos» a costa de la explotación de ellas.

De ahí la importancia que desde los poderes públicos se contribuya a hacer visible lo que representa y ha representado el colectivo, tanto las mujeres como los hombres que han trabajado desde abajo en los últimos cincuenta años en “nuestros” hoteles, porque son ellas y ellos quienes han hecho y hacen posible, entre otros actores y elementos, el turismo que tenemos. Y algunos, como el amigo Domingo Morales, que nos dejó hace pocas semanas y seguro celebraría este premio con alegría, lucharon y se dejaron la piel para conseguir unas condiciones de trabajo dignas en las empresas tuísticas que hoy peligran más que nunca.

Porque cuantos más turistas tenemos, resulta que no hay más empleos, sino más carga de trabajo, y esta es una de las cuestiones que vale la pena transformar si queremos hablar de un turismo y un modelo económico diferentes, que den valor (y no solo precio) a la tierra y a la gente que trabaja en el turismo: no habrá turismo “excelente” sin trabajo decente.

Sí, suena a lema de pancarta en manifestación obrera, pero invito a esos señores de traje y corbata que se pasan el día negociando acciones y operaciones especulativas que mueven cientos de millones de euros en el mercado del turismo global a que paren un momento, y lean el libro de Cañada. Que escuchen a las camareras de hotel, y pongan cara y ojos a su Monopoly de números fáciles y beneficios millonarios ganados sin sudor ni sufrimiento.

Es por todo ello que pensar en las camareras de piso, hacerlas visibles y reconocer su papel, ya empezamos a construir un modelo turístico diferente. Porque de aquello de lo que no se habla es como si no existiera, y si estamos aquí es gracias a ellas.

Premi del turisme a les cambreres de pis

(Publicat a El Periscopi, 12/09/2016)

No era la primera vegada que havien estat nominades a un premi així, de fet el Govern ja les va proposar ara fa un any a la Medalla d’Or al Mèrit Turístic que atorga el Ministeri en aquell moment encapçalat per Soria. Han hagut d’esperar als I Premis al Turisme convocats per Vicepresidència, als quals el jurat els ha concedit per unanimitat el premi al treball i l’esforç.

I és que sense el seu treball i el seu esforç, el de na Dolores, n’Angelina, na Isabel Moreno, na Soledad, n’Esther, na Pepi i na María, els testimonis de les cambreres illenques recollides al libre d’Ernest Cañada, Las que limpian los hoteles, la «potència turística» que som no existiria. Elles, que representen a milers com elles treballadores de l’hoteleria, són les mares del turisme. Elles, que han estat invisibilitzades en detriment dels emprenedors cappares del turisme, homes, rics, fets «a ells mateixos» a costa de l’explotació d’elles.

D’aquí la importància que des de les institucions públiques es contribueixi a fer visible el que representa i ha representat el col·lectiu, tant les dones com els homes que han fet feina des d’abaix en els darrers cinquanta anys als «nostres» hotels, perquè són elles i ells que han fet i fan possible, entre d’altres actors i elements, el turisme que tenim. I alguns, com l’amic Domingo Morales, que ens va deixar fa poques setmanes, i qui ben segur celebraria aquest premi amb alegria, van lluitar i s’hi van deixar la pell per aconseguir unes condicions dignes de feina a les empreses turístiques que avui perillen més que mai.

Perquè com més turistes tenim, resulta que no hi ha més llocs de feina, sinó més càrrega de treball, i aquesta és una de les qüestions que val la pena transformar si volem parlar d’un turisme i un model econòmic diferent, que valoritzi la terra i la gent que hi treballa: no hi haurà turisme «excel·lent» sense feina decent. Per això és que pensar en les cambreres de pis, fent-les visibles i reconeixent el seu paper, començam a construir un model turístic diferent, perquè d’allò que no es parla és com si no existís, i si som aquí és gràcies a elles.

De límits i de sostres

(publicat a El Periscopi, 5/09/2016)

Tot té un límit, inclosa la paciència, i depèn del que cadascú sigui capaç d’aguantar. Però en ecologia, aquests límits són objectius: si es sobrepassen, els desequilibris posen en perill la supervivència de l’ecosistema, si més no en les mateixes condicions de gaudi per als seus actors, que fins a la data. I quan l’ecosistema és una illa, o un arxipèlag, com és el nostre cas, els límits es fan encara més evidents.

I és que malgrat la sensació accentuada per les circumstàncies de l’entorn geopolític i els problemes dels «competidors» turístics, resulta que ja fa estona, molta estona, que hem sobrepassat els nostres propis límits. Fins al punt que la resiliència, és a dir, la capacitat d’auto-re-generació dels recursos naturals (els aqüífers en són un bon exemple), es posa en perill. En altres paraules: correm el risc de no poder tornar a re-equilibrar tot això, i els primers a perdre serem nosaltres en termes de qualitat de vida.

És aquí que entra en joc el que podem fer o deixar de fer com a societat, des de les nostres diferents responsabilitats i rols, ja sigui com a individus-ciutadans-consumidors, ja sigui com a polítics-representants de la col·lectivitat. És obvi que l’activitat turística és la que genera una petjada ambiental més grossa, i que per tant les mesures de força han de venir de la mà de les polítiques públiques relatives a l’economia i el medi ambient.

En economia i política turística, establir un sostre de places d’allotjament, tant hoteleres com de lloguer turístic (de manera simultània a la regulació d’aquesta activitat) és una fita tan imminent com necessària. De la mateixa manera s’ha de fixar (i això és una qüestió gairebé més científica que política, però cal empenta política per establir-la) la capacitat de càrrega dels nostres espais naturals, perquè si nosaltres ens agobiam per la massificació a determinades cales, vos imaginau què en deu pensar l’ecosistema que ens suporta, i que no té la possibilitat de queixar-se? Arreu del món s’estableixen limitacions d’accés als espais naturals protegits, un nombre màxim de gent que els pot visitar diàriament, i també toca fer-ho a casa nostra, encara que sigui perquè… vivim sobretot del paisatge?! Esper, en el mateix sentit, que els participants a la comissió de l’Impost de turisme sostenible tenguin clar que justament ara més que mai, els projectes que l’ecotaxa ha de finançar han d’anar clarament destinats a les qüestions esmentades, així com a preservar els recursos naturals limitats, com l’aigua o el territori mateix.

Com a societat civil, hem de ser conscients de dos condicionants externs a les necessàries polítiques de decreixement (o de prosperitat sense creixement, per evitar en termes de Jackson): primer, el context geopolític, que desvia centenars de milers o fins i tot milions de turistes cap a les Illes a la recerca d’una destinació «segura» (només a França per mor dels atemptats dels darrers mesos el turisme ha minvat un 15%). Segon, l’absència total de control sobre els aeroports propis, principal eina reguladora del flux humà al nostre arxipèlag. Sobre el primer és difícil intervenir, però el segon hauria d’estar en el centre de les exigències de la societat civil. Com a qualsevol poble que persegueixi un desenvolupament sostenible tant en termes humans com ecològics, o tenim control sobre això, o no passarem de les mesures de contenció. Que està prou bé, però arribats a aquest punt de la història m’atreviria a dir que no és moment de posar sostre a les nostres aspiracions, i sí de de ser realistes sense renunciar a res, però sabedors de què no ens ho posaran gens fàcil. És molt el que ens hi jugam, i val la pena lluitar-ho.

Col·lapse: transicions versus autoajuda

(publicat al Diario de Mallorca, 20 d’agost de 2016)

Sí, estam col·lapsats. Desbordats. Una mica farts. De ja fa estona, tot i que aquest estiu allò que per a alguns ens era evident s’ha fet encara més visible als ulls de la majoria, per mor d’un entorn geopolític violentat que ha fet que enguany venguin (un cop més) més turistes dels prevists. I novament sense que això s’hagi traduït en millors rendes per a la majoria, mentre ens peten depuradores, papereres i paciència.

A la definició de desenvolupament dels diccionaris, es parla d’un procés mitjançant el qual es fan variar les condicions naturals del creixement econòmic d’una àrea determinada, la qual cosa provoca un augment considerable de la renda total i una millor distribució d’aquesta renda. És a dir, que l’ortodòxia no sols de l’economia, sinó fins i tot de la lingüística, ens diu que a més creixement, millor per a tots. En altres paraules, que com més serem, millor ens anirà… I això ja fa anys en aquesta terra i a moltes altres bandes que no és així. D’això se diu autoengany. Allò cert és que la riquesa tendeix a concentrar-se en poques mans, i que si a més a més l’aparell públic es redueix com s’ha fet en els darrers anys amb l’excusa de l’austeritat, també reduïm la capacitat d’intervenir davant una realitat cada vegada més desequilibrada en tots els sentits.

Per això, si ja és prou complicat abordar seriosament i de manera global un model de desenvolupament determinat, o canviar-lo, com és el cas, en el cas de les nostres Illes aquest fet s’agreuja per la feblesa d’unes institucions públiques que sobretot pel que fa a la política pública econòmica (i turística) ha estat històricament «de mel i sucre». I apart d’això, no me cansaré de dir-ho: poc canviarem des de les institucions locals si no gaudim de sobirania sobre la principal eina (gairebé, en termes marxistes, el principal mitjà de producció) del model, com són els aeroports…

Hem d’establir un sostre de places turístiques (hoteleres i de lloguer), uns límits objectius de capacitat de càrrega dels espais naturals, una fiscalitat que gravi els impactes negatius de l’activitat i els reverteixi per assegurar una certa resiliència… I segurament moltes coses més. Però si no volem novament caure en l’autoengany i volem governar-nos i governar l’economia, per tenir poder i capacitat de decisió damunt els aeroports: per ells entra i surt el 95% de la gent, siguin turistes i residents; s’hi generen centenars de milions d’euros de beneficis que ara per ara no repercuteixen aquí; i disposen de mecanismes com les taxes aèries i aeroportuàries per decidir des d’on, com i quan volem que hi hagi vols des de i cap a les Illes. Quasi res. Vaja, que si avui en dia hi ha un Palau d’Hivern per assaltar no és al Consolat, ni al Parlament: és als aeroports, en el nostre cas a Son Sant Joan, la joia de la corona del Regne d’Espanya.

Canviar el nostre model de desenvolupament, en definitiva, i fer-ho en clau de sostenibilitat social i mediambiental és un procés d’empoderament social, institucional i de sobirania que no es pot basar en la immediatesa i la impaciència. Denunciar allò que és obvi és fàcil, però en el millor dels casos substitueix l’autoengany per l’autoajuda. Ni tan sols és útil com un procés de presa de consciència de què cal canviar les coses: ens duu a la resignació. Allò difícil, o si més no complex, és posar damunt la taula mesures realistes i alhora imaginatives, que permetin surfejar els mil impediments legals i burocràtics que sabem que ens condicionen però no ens determinen la política. Que siguin amplament compartides, i que atenguin l’emergència ecològica i social sense oblidar el mig i el llarg termini. Això, amb rigor, ho fa molt poca gent.

Partim d’on partim, d’una balearització circumstancialment revifada pel context geopolític i les grans tendències del mercat mundial que ens converteixen com a altres destinacions en un parc temàtic més en detriment de la nostra condició de comunitat humana i ecològica. No basta amb dir que podem i hem de canviar-ho. S’ha de posar fil a l’agulla i fer-ho, i per fer-ho bé cal cercar aliats, encertar amb les receptes (començant per les mesures de contenció i protecció) i dur-les endavant amb un consens social el més ample possible, si de veres volem posar els pilars per transitar cap a una altra Mallorca i unes altres illes possibles i més que mai, necessàries. No es tracta de negar o reconèixer el col·lapse, i dividir la societat entre els que ho veuen i els que necessiten ulleres per veure-ho, sinó de preparar una vertadera transició perquè la nostra i les generacions encara per venir puguin gaudir d’un projecte de vida digne en una de les terres més belles del món. I sí, feim tard, però ja no vendrà d’aquí: es tracta de fer-ho.